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El 1° de agosto se celebró el Día de la Pachamama, una tradición ancestral que propone algo tan sencillo como vigente: agradecer a la tierra por lo que nos brinda y tomar conciencia de nuestra relación con ella.
Y aunque la fecha ya pasó, agosto puede ser una buena oportunidad para llevar esa reflexión a nuestro entorno más cercano: el lugar donde vivimos todos los días.
Hace poco más de tres décadas, el paisaje de Santa Bárbara era muy diferente. Donde hoy encontramos casas, calles y espacios comunes predominaban el campo y los humedales: bañados, pajonales, vegetación nativa, cursos naturales de agua y una gran diversidad de aves y animales.
El barrio transformó aquel paisaje, pero la naturaleza sigue siendo parte esencial de nuestra vida cotidiana. Está en las lagunas, en los espacios verdes, en las aves que vemos todos los días, en los insectos, en la vegetación y en los animales que todavía encuentran aquí su hábitat.
Conocer esa historia también nos ayuda a entender por qué es importante cuidar lo que tenemos.
Y podemos hacerlo a partir de acciones muy simples: usar responsablemente el agua; mantener limpios los espacios comunes; circular con precaución para proteger a los animales que cruzan nuestras calles; preservar la flora nativa; evitar fumigaciones innecesarias que afecten a insectos benéficos y polinizadores; y separar y reciclar nuestros residuos.
No se trata de volver al paisaje de hace 32 años, sino de reconocer de dónde venimos para decidir cómo queremos habitar este lugar hacia adelante.
La celebración de la Pachamama nos lo recordó al comenzar agosto. El desafío es que ese mensaje nos acompañe durante todo el año.
Honrar lo que fue. Cuidar lo que queda. Mejorar lo que dejamos.